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Un Médico Sin Fronteras, en Santa Rosa: “Tratamos de cambiar los mundos de las personas”


“Ser un integrante de Médicos sin Fronteras es una opción de vida”. Lo dice, con una tonada cordobesa, el médico cirujano Andrés Carot, quien se encuentra en Santa Rosa para dar este jueves, en el Centro Municipal de Cultura, una charla cerrada a los pampeanos que realizan donaciones y sostienen económicamente a la reconocida organización internacional.

Carot, como médico cirujano, ha participado de misiones en los principales conflictos armados de los últimos años, como Siria, Afganistán, Yemen o Sudán del Sur. “La población civil, siempre, es la más afectada en las guerras”, dice en una entrevista con Diario Textual.

Médicos Sin Fronteras es una organización médica y humanitaria internacional que aporta su ayuda a las víctimas de desastres naturales o humanos y de conflictos armados, sin ninguna discriminación de raza, sexo, religión, filosofía o política.

La organización, que recibió el Premio Nobel de la Paz en 1999, tiene entre 100 y 120 médicos y colaboradores en Argentina. En todo el país, hay unas 120 mil personas que ayudan monetariamente a sostener a la ONG.

Andrés nació hace 40 años en Córdoba Capital. “Ya en el último año de la secundaria, sabía que quería ser médico. Ni mis padres ni mis hermanos son médicos, pero yo sabía que eso era lo que quería”, cuenta. Pero aún no sabía que la profesión lo iba a llevar a hospitales y campamentos sanitarios donde las bombas y los balas retumbaban mientras estaba haciendo una cirugía.

Inició sus estudios en la Universidad Nacional de Córdoba. En el segundo año, comenzó a colaborar con La Luciérnaga, una ONG que trabaja con los chicos de la calle. “Tienen una revista cultural, donde comencé a colaborar. Me sentí muy útil y decidí ayudar desde otro lado”, dice.

-¿Cómo te sumaste a MSF?- le consultó Diario Textual.

– Cuando comencé a estudiar medicina, no conocía a la organización. La descubrí a partir de una charla que dio un médico, cuando estaba en segundo año de residencia de Medicina. Ese día me di cuenta de que quería trabajar en Médicos Sin Fronteras. Quería ver de qué se trataba, para crecer, conocer otras culturas, y ejercer la medicina de una manera diferente. Me postulé, apliqué y acá estoy, desde 2009, realizando hasta el momento unas 22 misiones en diferentes puntos del mundo.

-¿Qué impacto ha tenido en vos ser integrante de esta organización?

– La verdad es que se ven injusticias espantosas, pero ayudar es algo muy gratificante. Porque estás ayudando y le cambiás el mundo a las personas. Una pequeña acción mía o de un compañero, puede tener un impacto determinante en esa persona.  Y en lo personal, te cambia a nivel profesional y humano.

-¿En qué te cambió a vos?

-Creo que mi cambio es muy rotundo. Me he encontrado con otras realidades, de pobreza extrema y de guerras sumamente dolorosas. Ya tengo 40 años y la escala de valores pasa por tener un techo, educación, trabajo y salud. Todo lo demás es un regalo.

-¿Cuál fue tu primera misión en 2009 y con qué limitaciones te encontraste?

– Mi primera misión fue Nigeria y ya he pasado, entre otros sitios, por Haití, Yemen, Afganistán, Siria, Sudán del Sur, Etiopía y Palestina. Cuando llegué a Nigeria, quería cambiar el mundo y me encontré con la durísima realidad: en todas estas situaciones de catástrofe humanitaria, hay muchas limitaciones. Entendí que debía bajar a tierra. Que en Nigeria no iba a poder cambiar el mundo. Que en Nigeria, por ejemplo, podía ayudar poniendo una vacuna o, por ejemplo, enseñando a los enfermeros a cómo hacer un diagnóstico de la meningitis. Esas acciones, aunque parezcan pequeñas, tienen impacto: cambian el mundo de cada persona que llega a nuestras manos.

-¿Cómo se cuidan los médicos y el resto de los colaboradores al ingresar a una zona de conflicto?

-Nosotros somos conscientes a dónde vamos y somos conscientes de los peligros que corremos. Médicos, a nivel organizacional, cuando decide ir a ayudar a un determinado lugar se contacta a todas las partes en conflicto. Desde Gobierno a grupos opositores o rebeldes. Si no, no nos instalamos. El tema de la seguridad del personal es muy importante y defendemos los principios de imparcialidad y neutralidad. Como organización imparcial e independiente, la única preocupación nuestra es poder dar la mejor atención médica posible.

-¿Qué le respondés a la gente que pregunta por qué MSF no realiza misiones en Argentina?

-Primero, MSF es una organización con independencia económica, política y religiosa que está para ayudar a las poblaciones más vulnerables donde hay crisis humanitarias. En Argentina, si bien hay grandes desigualdades y pobreza, no hay una crisis humanitaria. En Argentina, a diferencia de otros países a los que asistimos, hay gobiernos naciones o provinciales que tienen capacidad de respuesta y se puede hacer cargo de las crisis más acuciantes. Igual MSF ha tenido intervenciones puntuales, como en 2001 y 2003, en algunas provincias argentinas.

-Has visto de todo, pero ¿qué historia te ha impactado hasta las lágrimas?

La historia de Amir. Una niña de 12 años, en Sudán del Sur, el país más nuevo del mundo. Un país que nació, al igual que Argentina, un 9 de julio, pero de 2011. Amir llegó con un tremendo problema en su pierna. Se había subido a una planta y se había caído. Tenía una fractura expuesta y no es que se había caído el día que yo la vi… Se había caído hacía unos seis mesesRetiré una venda y una goma espuma con la que le cubrían la pierna y vi que la tenía destruida. El olor a podrido era tremendo. No entendía cómo seguía viva. No entendía cómo la infección no se había propagado. Le comuniqué a la madre que solo quedaba la opción de amputarle la pierna por encima de la rodilla. Es una idea que puede horrorizar pero que llenó de alegría a la madre porque significaba que su hija iba a sobrevivir. Había estado seis meses recorriendo lugares para que la atendiera. Algo que me conmovió de Amir fue su resiliencia y su alegría. Nunca la vi llorar, siempre estuvo alegre. La verdad fue muy gratificante haberla ayudado. Es un caso que expone, de manera brutal, cómo una niña no tiene acceso a la salud. En esos contextos, es una utopía un derecho humano como el del salud.

 


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